Qué sucede cuando entras al mundo HP teniendo casi veinte.

lunes, 3 de agosto de 2015

Nací en 1995, eso me hace parte de la generación que creció con la serie de Harry Potter. En mi caso no fue totalmente así. Vi las primeras dos películas con mi papá cuando ambas se estrenaron pero no tuve una grata experiencia porque me causaron pesadillas, la primera con el rostro de Voldemort tras el turbante del profesor Quirrel y la segunda con Aragog y su ejercito persiguiendo a Harry y Ron. Dos experiencias que a mi edad fueron traumáticas y no motivaron en nada a continuar la saga. Tuve también, intentos fallidos de ver El Prisionero de Azkaban y El Caliz de Fuego.

Y así continuaron mis años, rodeada de niños que comentaban sobre la próxima película, una pequeñísima cantidad que leía los libros y - cuando llegó el "boom" de las redes sociales y los memes - chistes y referencias que no entendía. Muchos asumían que por el simple hecho de que me gusta leer desde niña, era una experta en el mundo mágico. No tenía palabras para explicar por qué Harry Potter no me gustaba o no me llamaba la atención, simplemente no nacía en mí. Mientras todos se preparaban para ver las Reliquias de la muerte Parte II, yo contaba los días para el estreno de Amanecer Parte I (Sí, es una declaración un poco vergonzosa).

No fue hasta hace un año que le encontré sazón a las series, la de Harry Potter empezó a despertar cierto interés en mí y me propuse en algún momento leerlo. Pensaba que si había tanta gente que me la recomendaba y no digamos la multitud que movió año tras año, debía ser porque realmente valía la pena el intento. Así fue como un día de noviembre, esperando a mi mamá en un centro comercial, compré Harry Potter y la Cámara Secreta en su edición más sencilla y barata. Fui a una cafetería, ordené un Té Chai, abrí el libro y desde ese momento no hubo marcha atrás. El libro me hizo sonreír de ternura y derramar lágrimas en escenas como en la que Harry se ve en Espejo de Oesed. Lo terminé en cuestión de tres días y compré el segundo. Para Navidad, mi mejor amigo me regaló el Prisionero de Azkaban. Era tanta mi intriga por saber qué sucedía en el siguiente, que compraba la primera edición que veía, sin importar que no combinara con los demás. Me junté con cinco ediciones distintas, cinco libros en español y dos en inglés. Entre mis propósitos está emparejar alguna de las ediciones.  


Este fin de semana terminé con las Reliquias de la Muerte, un libro que me hizo en varios momentos detenerme porque las lágrimas simplemente no me dejaban continuar. Hoy es lunes y sigo sin poder ver en Tumblr o Pinterest alguna referencia de las partes tristes del libro o las muertes sin que sienta ganas de llorar. En estos ocho meses, me llegué a encariñar con la saga, con los personajes, con J.K. Rowling y todo este mundo mágico que ella creó. Hay veces en las que lamento no haber sentido esto de niña, pero luego supongo que las cosas no las hubiera entendido de la misma manera en que las veo ahora. Harry Potter no es simplemente una historia de niños, empezando por el hecho de que a medida que avanza se va volviendo más oscuro. Es una historia que nos enseña el valor del amor, la valentía, la amistad, que los sacrificios traen sus recompensas, que cada historia tiene dos lados y todos tenemos una verdad que contar. Nos enseña que un libro es capaz de salvarnos la vida, que debemos de ver a las personas y a los objetos más allá del enfoque que les damos y que "La felicidad se puede hallar hasta en los más oscuros momentos, si somos capaces de usar bien la luz". Y muchísimas cosas más que si continúo, es muy posible que termine llorando. 

Fue una historia que a pesar de que sabía quiénes morían, cuál era el final y que algunos que eran malos no resultaron ser malos al final; la disfruté muchísmo. Lloré, reí, lloré, me carcajeé, volví a llorar, me frustré, lloré, me enojé, suspiré, lloré y terminé llorando. Y por su puesto, hice que mi hermana también los empezara a leer (orgullo de hermana mayor: ya va por el tercero). Si algún día tengo hijos, haré lo mismo con ellos, crecerán leyendo, viendo y comiendo Harry Potter. 

En fin, no sé cuándo superaré esta saga o si algún día lo haré. Aunque fue más tarde que temprano, me siento satisfecha por haber tomado la decisión de esperar a mi mamá en lugar de haberla acompañado a hacer lo que iba a hacer. 

-K

No hay comentarios:

Publicar un comentario

@kathiavc