Reseña: Entre tonos de gris (Por Ruta Sepetys)

lunes, 28 de marzo de 2016
"Era difícil de imaginar que una guerra ocurría en algún lugar de Europa. Nosotros teníamos nuestra propia guerra, esperando que los del NKVD escogieran a su próxima víctima, de arrojarnos en el próximo agujero. Ellos disfrutaban de golpearnos y de patearnos en los campos"
Una historia ficticia, basada en testimonios reales, nos narran el viaje que realiza una familia lituana que es deportada por la Unión Soviética del gobierno de Stalin, junto a cientos de personas más, niños y ancianos incluidos. Son trasladados en camiones como ladrones y prostitutas, obligados a trabajar en condiciones deplorables e injustas. Seguimos la perspectiva de Lina, una quinceañera que debe dejar a un lado su sueño de ser artista la noche en que el NKVD invade su casa y los obliga de manera violenta a salir de ella. El padre de Lina es separado de su mujer y sus dos hijos, por eso, ella decide pintar y pasar sus dibujos de preso en preso hasta que lleguen a él y de esa manera hacerle saber que aún están vivos.


Cuando hablamos del genocidio de la Segunda Guerra Mundial, lo primero que viene a nuestra mente es Hitler y los Nazis. Muchas personas, que no investigamos más allá de lo que nos enseñan en los libros del colegio desconocemos en su totalidad las muertes y torturas causadas por el Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos (por sus siglas en ruso, NKVD) en ese momento dirigido por Stalin, que arrestaba a los "anti-soviéticos" (considerados los "enemigos del pueblo") y a los alemanes (la Unión Soviética, a pesar de haber firmado un pacto de No Agresión con Alemania, ambos se disputaron la invasión de Polonia, lo que convirtió a Stalin y a Hitler en enemigos). Cuando mencionamos "campos de concentración", pensamos en judíos inocentes; desconocemos que también habían alemanes, griegos, polacos, lituanos, entre otras etnias más que eran obligados injustamente a trabajar en zonas remotas. 

Un libro crudo que nos expone la realidad que pasaron millones de personas durante esta época y nos hace sentirnos un poco más agradecidos con la nuestra. La autora, es nieta de un miembro del ejercito lituano que huyó durante estas atrocidades, hecho que la motivó a viajar a Lituania y entrevistar a sobrevivientes para que contaran su historia: si bien los personajes de esta son ficticios, los que vive cada uno no lo es. La intención de Sepetys es abrirnos los ojos ante una situación que ignoramos la mayoría. Fue incluso invitada por el Parlamento Europeo para exponer su investigación.

Está narrado con tanta intensidad que no pude soltarlo por mucho tiempo. Llegué al punto de llevarlo al gym y leerlo mientras hacía bici estacionaria. Sí, tengo que admitir que leí la parte más triste durante ese momento y aguanté todo lo que pude por no llorar. Los capítulos son cortos, y para quienes me han leído en reseñas anteriores, saben que esta característica me encanta y hace que mi lectura fluya más. Leerlo en inglés se me hizo muy fácil, es una buena opción para practicar leer en ese idioma. Está narrado en primera persona, muy similar al Diario de Ana Frank.

Los personajes me fascinaron. La protagonista me contagió con sus esperanzas y ganas de vivir. Nos hace que veamos un poco de sol donde todo es invierno y congelante. Lina también experimenta el amor (lo cual fue el único punto negativo que le doy a la historia, porque no me gustó la manera en que nos lo planta, aunque estuviera destinado a suceder). Muchas escenas las describe como ella las pintaría y las convierte en metáforas. Quería abrazarlos a todos, darles lo que estaba comiendo o bebiendo, transportarme en el tiempo e informar lo que sucedía, ya que el mundo desde ese momento lo desconocía y a los sobrevivientes se les obligó a callar cuando la guerra terminó. Nos cuenta, que cuando regresan a sus países, descubren que los soviéticos les robaron todo: sus casas, sus pertenencias y hasta usaban sus nombres. A la fecha, algunos justifican que las deportaciones fueron legales y que no se utilizó ningún tipo de maltrato.

Conclusión: a pesar de que contiene muchas escenas violentas, recomendaría que este libro lo leyeran desde los 12 o 13 años, porque aparte de aprender un poco de historia nos hace sentir agradecidos con la vida que llevamos, aunque a veces sintamos ahogarnos en un vaso de agua. Le doy 5/5 estrellas en Goodreads y no me extrañaría que esté entre mis tres favoritos del año.

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