¿Por qué ROMA de Cuarón ha ocasionado tanto revuelo? | Reseña

sábado, 15 de diciembre de 2018
Netflix

Pasamos prácticamente todo el 2018 escuchando y leyendo cómo la nueva película de Alfonso Cuarón, Roma, podría ser una de las más galardonadas durante las premiaciones y que incluso podría entrar en las categorías principales de los Oscars, no restringiéndose únicamente a la categoría de Películas Extranjeras como corresponde gracias a su idioma. Luego de la controversia que generó al no ser distribuida por grandes cadenas de cine, su estreno a Netflix llegó como se tenía planeado.

Roma, nos adentra a la vida de una familia de clase media mexicana al principio de la década de los setentas pero a través de un narrador poco convencional: la trabajadora doméstica, Cleo. Irónicamente nuestra narradora/protagonista es la persona que menos diálogo tiene durante toda la cinta y aún así nos logra brindar, con mucho éxito, cada una de las emociones intencionadas. Observamos también la ligereza con la que suceden la mayoría de acontecimientos para los personajes dentro de la historia sin darle más drama que naturalidad. Acontecimientos que en cualquier otra película podrían haber significado el punto crítico del arco argumental, sin embargo acá son simplemente una parte más de la historia de la familia, como podría serlo en cualquier otra.

Esta vez no me ampliaré con la trama de la historia porque en este caso la experiencia se mejora cuando no sabemos exactamente qué esperar. Más allá de la familia clasemediera y que está inspirada en un 90 % en la infancia del director, no hace falta decir algo. El personaje de Cleo, interpretado de una manera inexplicablemente fenomenal por la actriz primeriza Yalitza Aparicio, que con su mezcla de español y mixteco y su lenguaje corporal nos convierte en espectadores de una historia donde ella misma es espectadora y en la cual sus propias experiencias y problemas se ven obligados a reservarse para ella misma. Si bien las actuaciones realizadas por los demás personajes colaboran con la historia, en la mayoría de las ocasiones se ven opacadas por el talento evidente de Aparicio. Me parece fascinante cómo cada pieza de esta película trabajan entre sí de una manera tan orgánica, provocando que al final sientas cariño por tan entrañable personajes, los sientas parte de tu propia familia y quieras conocer qué fue de ellos al pasar de los años.

Como comunidad latinoamericana es muy fácil llegar a sentir la esencia de nostalgia que quiso retratar Cuarón con esta película, quien se basó en su propia infancia y vida dentro del barrio Roma de la Ciudad de México; sentimos que la arquitectura, algunos modismos, las tradiciones, las conversaciones y el estilo de vida son algo que hemos vivido. Contrario a las típicas producciones hollywodenses donde se retrata la vida de las familias y personas alejadas a nuestra cultura o realidad. Por ejemplo, la historia de la secundaria “gringa” que muy lejos está a nuestra experiencia en el básico y bachillerato en Latinoamérica.

Roma es una historia que se apoya en los detalles de la escenografía más que en cualquier otra película taquillera que puedan pensar. Gracias a las conversaciones y sonidos que escuchamos en el fondo, las prolongadas escenas que llevan del punto A al punto B (como el acto de ingresar el vehículo a la vivienda) y las pausadas tomas de las partes de la casa, hacen que el espectador sienta que lo que está viendo en pantalla parezca casi tan real como un recuerdo vívido de su infancia. La última vez que llegué a experimentar algo tan auténtico en una pantalla fue en la película de Call Me By Your Name de Luca Guadagnino, que se apoya de los mismos recursos, como la intensidad en el ruido vehicular que provoca que los personajes deban elevar el volumen de su voz para poder continuar la conversación, la presencia incómoda de moscas y las largas tomas de las habitaciones sin ningún movimiento.

Hablar del evidente mensaje que esta conmovedora historia quiere remarcar es casi obligatorio. Es fácil notar cómo algo contado con tanta naturalidad y sencillez puede darnos material para pensar en las más de dos horas que dura la película. Es parte de nuestra cultura y nuestro nivel socioeconómico el reconocer que personas como Cleo formaron o forman parte fundamental en nuestro hogar e incluso familia. El contar Roma desde sus ojos y oídos es una manera de abrir una nueva conversación en la inclusión, reconocimiento y representación dentro de las futuras producciones cinematográficas.

Esta película se debe ver por la pura experiencia que brinda. Eso sí, no esperen una película con picos argumentales porque incluso los momentos más angustiantes pasan de manera fugaz sin dejar mayores consecuencias que influyen al resto de la película. Es muy importante que tomen en cuenta que el ritmo es demasiado lento, especialmente si han visto los anteriores trabajos de Cuarón. Roma se ha convertido en el trabajo más honesto e íntimo del director mexicano hasta ahora y es una dicha que nos deje experimentarlo por cuenta propia.


Ya puede disfrutar de Roma a través de Netflix.

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@kathiavc