Emily in Paris: personajes femeninos imperfectos en la televisión, influencers y otros temas controversiales | opinión

sábado, 10 de octubre de 2020
Emily en París y los personajes femeninos en las series
Emily in Paris, 2020-

La llegada de Emily in Paris a Netflix me pareció oportuna: es ligera y en muchos momentos he de confesar que me reí, por los chistes intencionales o porque los momentos se pasaban de bobos. Es el estilo de series que me gusta catalogar como “feel good”, a las cuales no deberías de prestarle mucha cabeza y que quedan bien cuando te encuentras en un momento agobiante en la vida, el género perfecto para un domingo por la mañana o para un octubre con la pandemia a flor de piel y las malas noticias inundando tus feeds en redes sociales. Yo lo sabía perfecto y empecé a verla con esa mentalidad, pero a medida que avanzaban los minutos y entendiendo los temas que intentaba explorar, no pude evitar empezar a juzgarla en serio.

Con un entendimiento más claro de la visión femenina en las producciones audiovisuales, el arquetipo de mujer fuerte ha mutado a algo más realista, a algo donde las espectadoras pueden verse a sí mismas reflejadas y no ver un patrón imposible de alcanzar. Las mujeres en la pantalla ya son seres de carne y hueso que conocemos y con las que convivimos en la cotidianidad. También resulta conveniente resaltar que la series al dejar de estrenarse exclusivamente en televisión han tenido la oportunidad de liberarse y ser más atrevidas que nunca en lugar de depender al horario de su programación. Por eso mismo es que cuando las series como Emily in Paris deciden tomar el camino “seguro” en pleno boom del formato streaming y competir con una oferta capaz de igualarse con el cine, me resultan cuestionables sus decisiones. 

En los últimos meses he desarrollado un gusto preferencial por las series protagonizadas por mujeres porque me veo en ellas, las entiendo y ellas me entienden a mí. Su propósito ya no es ser la heroína de su historia, sino encontrar su forma de vivirla. La primera protagonista con la que sentí esa cercanía fue Fleabag y gracias a la estrategia de romper la cuarta pared podemos generar hacia ella una empatía inmensurable, pero eso no nos prevendrá de verla fracasar, tomar pésimas decisiones y en ocasiones juzgarla de manera severa. Fleabag incluso logró reconciliarme con el hecho de que yo tampoco soy buena feminista; no porque no crea en la lucha del movimiento y la apoye, sino porque en la práctica soy un ser humano que nunca podrá cumplir con las expectativas del molde específico que reclama el activismo, especialmente el de las redes sociales.

Emily en París y los personajes femeninos en las series
Fleabag, 2016-2019

En la nueva serie de Netflix no se deja en claro si Emily es la heroína que llega a París para “corregir” una cultura o aprender de sus errores, como llegar a un país nuevo a vivir durante un año sin haber aprendido primero su idioma y esperar a que se acomoden al de ella. Emily trabaja para una firma de Marketing en Chicago que recién adquirió una firma francesa y su jefa debe de mudarse para representar la alianza que existe ahora entre ambas compañías. Pero la serie no se llama “La Jefa de Emily en París” y por causalidades del destino, el día de su despedida descubre estar embarazada y decide no tomar la oportunidad por la cual se había preparado tanto, hasta aprender francés. Eso fue lo que más intrigante me resultó en los primeros cinco minutos de la serie, una mujer dejando su sueño por mantener un embarazo en pleno 2020 sin que ese sea el eje de la historia. Ojo, no quiero decir si la historia debió o no debió tomar una agenda abortista, sino que me resulta inevitable cuestionar esa dirección dado nuestro contexto actual.

Cuando Emily llega a París, se encuentra con todos los clichés que existen sobre la idílica ciudad y los franceses, a excepción de las ratas porque es obvio que eso arruinaría la estética de ensueño a la cual tengo que darle el crédito, porque me hizo en cada segundo querer estar allí. Al llegar a su nueva oficina es recibida como una intrusa, la americana enviada a imponer su cultura (algunos críticos incluso le han dado la lectura no intencional del “imperialismo americano” y no les debato). Sus compañeros de trabajo la tratan de manera hostil y automáticamente Emily se impone la misión de impresionarlos y agradarlos, misión que se expandirá al resto de episodios, porque ¿quién no puede resistirse a la belleza y sonrisa de una americana?

El encanto de Emily me hizo recordar a Midge Maisel, una mujer joven hermosa, carismática, con impecable sentido de la moda, inteligente y graciosa, salida de una postal vintage de los años 50s. La perfección de Midge es tal, que su marido se siente inseguro con ella y decide dejarla después de tener un amorío con su secretaria. Sin embargo, a medida que avanza la serie empezamos a conocer que esa misma perfección es más bien un modelo impuesto por el contexto social y patriarcal en el que se desarrolla. A lo largo de los episodios Midge debe tomar decisiones difíciles que incluso involucran su rol de madre y cometer errores que le costarán la carrera y amistades. De hecho, hay un arco argumental que nos lleva a París con otra mujer, aunque la razón es muy diferente, incluso dolorosa. The Marvelous Mrs. Maisel nos demuestra que un personaje así de agradable también puede tener momentos bajos que no se arreglen con sus habilidades sociales. 

Emily en París y los personajes femeninos en las series
The Marvelous Mrs. Maisel, 2017-

Como Oasis en el desierto Emily conoce a Mindy, una chica china-coreana que lleva viviendo en París el tiempo suficiente para conocer a los parisinos y funcionar como una guía para la protagonista, incluso decirle que está bien beber vino en el desayuno. Es esperado que alguien con la personalidad alegre de Emily eventualmente encontraría amistades en la nueva ciudad, pero siento que ya llegó el momento en el que los personajes de color dejaron de cumplir el rol de “side-kick” de las protagonistas blancas, en especial porque me siento más intrigada de ver un spin-off de “Mindy in Paris” y oigan, no quiero que esto se convierta en un debate de “entonces ya no habrían productos protagonizados por blancos y blah blah blah”, el punto es que esperaría que los personajes que rodean al o a la protagonista no fueran un cúmulo de estereotipos racistas o una representación poco acertada. 

Emily en París y los personajes femeninos en las series
Emily in Paris, 2020-

Hablando de estereotipos, este serie está cargada de principio a fin con clichés, al punto de sentir que el cuarto de guionistas es en realidad un bot. Todos los tropos que se les ocurre al pensar en París, esta serie los incluye y la protagonista llegará a romper los que no le agradan y a adaptarse a los que sí, porque ese el propósito de un intercambio cultural, ¿no? (*guiña el ojo*). Entiendo que crear una serie en esta fecha resultará un poco imposible no utilizar al menos uno, pero esta historia no se da un respiro entre uno y otro. Además de que tienen en sus manos la oportunidad de hablar de muchísimos temas que podrían agregarle sazón como la mirada masculina en la publicidad, las diferencias culturales y generacionales con respecto al feminismo, la libertad sexual e incluso la monogamia; sin embargo, se intimida justo en el momento y opta por tomar un camino “seguro”.

Emily en París y los personajes femeninos en las series
Emily in Paris, 2020-

El que más llamó mi atención, en especial porque los demás se han discutido en otras series y películas, y este podría ser el cual la hiciera resaltar o tener una discusión interesante, es la crítica a la relación entre marca, "influencer” y agencia. La protagonista como digna millennial, decide retratar su experiencia a través de redes sociales y compartir su día a día, lo que causa sensación y ve crecer su número de seguidores entre publicación y publicación (empieza con 48 y llega a tener decenas de miles con solo publicar selfies y una que otra catchy caption). De hecho hasta Brigitte Macron, la esposa del Presidente, le retuitea un meme criticando la gramática francesa (!!!!!!). Es lógico que nuestra Emily, como ejecutiva de Marketing, tiene un entendimiento diferente al acercamiento hacia su “fama digital” y no deja de mencionar la palabra “engagement”. Su interés no es promocionar una marca, sino unirla a sus metas comerciales. Es por eso que cuando la invitan a un almuerzo de influencers ella accede a ir con la única intención de recuperar el manejo de la cuenta de la marca dentro de su agencia.

La sorpresa que se lleva Emily es que la Directora de Marketing de la marca ya no está interesada en trabajar con agencias de Marketing porque “las considera anticuadas y lo de hoy es trabajar con influencers”. Hasta acá lo entiendo muy bien y no voy a negar que fue el momento en que creí que la serie empezaría por atrapar mi interés, que por fin se atrevería a dar eso paso que esperaba, porque por supuesto, Emily cree en que su estrategia de branding puede ir más allá que regalarle productos a personas que no les importa más que su número de seguidores y su marca personal —ya saben, genuinamente influenciar una toma de decisión y no solo lograr una venta—. El problema es que como todo tema serio al que tiene el mínimo chance de abordar, prefiere convertirlo en la broma de la escena y mi “engagement” con la serie y su protagonista se perdió esta vez por completo. 

Emily en París y los personajes femeninos en las series
Insecure, 2016-

Las relaciones son complicadas y Emily no puede quedarse atrás enamorándose de un hombre con pareja en la ciudad más romántica del mundo. Comprendo perfecto si la serie no quería comprometerse a retratar la poligamia, igual la posibilidad de que lo hiciera catastróficamente incorrecto era muy alta y yo tampoco estoy empapada con el tema, así que soy la persona menos indicada para discutirlo. Con eso llega a mi mente otra serie que se centra en una mujer viviendo en una famosa ciudad: Insecure. Es protagonizada por Issa Dee, una joven en lo último de de sus veintes que se cuestiona muchas cosas, una de ellas es su relación actual. Sus dudas la orillan a engañar a su novio muy temprano en la primera temporada y durante la serie, la vemos batallar con el dilema del error que cometió junto a todo lo demás que ocurre en su vida (más adelante otro personaje femenino también tendrá una experiencia en un triángulo sexual). Ver a Issa lidiar con sus experiencias como mujer joven y mujer afroamericana —entre el amor, la relación con su mejor amiga Molly, el sexo y un trabajo que la utiliza— logra hacernos sentirla próxima a nosotras y nos resulta fácil acompañarla en el viaje que llama su vida.

Se me ocurre como ejemplo también la serie estrenada este año I May Destrón You, que se centra en cómo su protagonista, Arabella Essiedu, debe aprender a vivir su vida después de haber sido violada. Lo que más me gustó de esta serie es lo complejo de sus personajes, no podemos pasar un filtro de “es esto o lo otro” porque son varias cosas a la vez. No siempre nos caerán bien pero parte de eso es que nos enseñan a no tener una postura polarizada ante las situaciones que se nos presenta. Y no puedo olvidarme de Shiv Roy de Succession, por quien a veces me siento culpable de desear que sea ella la que obtenga la sucesión de la empresa familiar nada más por el simple hecho de ser la única mujer y no porque me caiga bien todo el tiempo o esté de acuerdo con su motivaciones. Con eso es que llego a la conclusión que la falta de humanidad en el personaje caricaturesco de Emily es lo que rompió cualquier lazo que pude haber tenido con ella, a pesar de que yo también soy una mujer blanca rodeada de privilegios, el marketing es mi carrera y París es mi fantasía favorita.  

Emily en París y los personajes femeninos en las series
I May Destroy You, 2020

En pleno 2020 los roles femeninos protagónicos en la televisión que logran crear una vínculo único con sus espectadoras son las que cometen errores, toman malas decisiones y no nos caen bien todo el tiempo; los que dejan por un lado el estigma de que la mujer solo puede ser una cosa entre fuerte o débil —carismática o perversa— y dependiendo de ello es su rol dentro de la historia, la heroína que cambia todo a su manera o la que es “salvada” y se adapta a la manera de los demás. Ya no buscamos una protagonista que quiera igualar el ser fuerte y poderosa con tener todo en su vida perfectamente balanceado y tenga la fortuna de lucir bien incluso cuando pisó merde, un estereotipo dañino que nos incita a creer que la vida (e incluso el feminismo igualado con empoderamiento) es una competencia constante con otras mujeres. 

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